Tengo la horrible y nada original manía de pretender empezar cosas los lunes. Digo, ¿y quién no? O no sé. No es la primera vez que caigo en la cuenta de que soy un ente lleno de nada originales malas costumbres y malas maneras y sentir que si yo siento algo esto sea general es normal. Bueno, no soy original. Es una buena forma de empezar, reempezar, un blog.
Hace años, cuando pensé que mi carrera como escritora sólo tenía una vía, puro pa'lante (con el tiempo descubriría que también hay otro camino, uno pa'atrás, ajá) tuve la firme intención de pretender iniciar un blog y escribir de forma asidua para mí, para ti, o para quien tuviera la paciencia de leer blogs. Yo no soy lectora de blogs. Ahí tienen otro dato sobre mí, innecesario, pero dato al fin. El hecho es que otra mala costumbre mía, la irregularidad en mis actos, no me permitió tener esa asiduidad que yo hubiera querido. Bueno, debo añadir un punto para mí: también me llené de actividades no precisamente relacionadas con los blogs, más sí con la Literatura. En realidad, qué bueno que dejé los otros dos blogs. En fin.
Hace años, cuando también pretendí convertirme en una políglota y trataba de empezar un cuarto idioma (cuando el español se asentaba en mi raciocinio, el latín me presumía su ancianidad y el inglés pretendía hacer como que lo entendía, aunque en realidad él y yo no nos entendemos tan bien como quisiera), recuerdo que mi maestro de francés preguntó a la clase si sabíamos el significado de los días de la semana. Yo pensé, de inmediato, por favor, claro que sí. Ajá, el lunes significa... y el martes... ok, no. Ante mi sorpresa descubrí que de todas las cosas inútiles que me enseñaron en la primaria, ésta les había faltado.
Pues sépanlo, en caso de que ustedes también hayan recibido una muy deficiente y mala educación en la primaria, al igual que yo, que los lunes están dedicados a la luna. Claro, ahora pensarán todos que ya lo sabían. No se mientan a sí mismos. El hecho de que relacionen etimológicamente lunes con la luna, por obvias razones, no los hace más brillantes.
Lo interesante aquí es esa relación íntima y personal que cada quien guarda con la luna. La luna y los lunes, pues. Este satélite, lucero de los enamorados y la pauta para los hombres lobos contemporáneos, lo saben ¿no?, tiene una influencia estupenda en el planeta Tierra; específicamente con el agua. Y la tierra, también lo saben, es tres cuartas partes agua. No nos detendremos en los porcentajes de dulce, contaminada y salada porque el ecologismo lo guardaremos para las campañas de Facebook.
Pues bien, antes de que esto agarre forma de quiénsabequécosa, la pararé aquí con la siguiente reflexión: es lunes de inicios con una luna creciente en un otoño que empieza. Si alguien desea empezar algo este es el día, sin duda. Yo empiezo esto acá y también otras cosas. No sé si podré continuar, no sé a dónde me lleve, pero soy adicta a la promesa que tienen los inicios, las lunas y los lunes. Sépanlo.
lunes, 29 de septiembre de 2014
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)